Hablar de la humanización de la política para la educación para el trabajo y el desarrollo humano [ETDH] es buscar comprender los lineamientos gubernamentales para un propósito muy concreto. Estos centran parte de su interés en cómo mejorar la calidad de vida - a través de la formación de unas competencias laborales - y en el desarrollo integral de la persona, pero no contemplan, de manera propia y explícita, cómo los valores, las actitudes y las virtudes entran a ser parte activa de esa formación.
La educación para el trabajo fundamentalmente busca la calidad del hombre que produce, no tanto la calidad de la actividad laboral productiva, y que a través del trabajo construye su propio proyecto vital personal y relacional.
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